01 — La historia
Empieza en un dispositivo. Acaba en otro.
Nadie escucha en un solo dispositivo. El trayecto al curro va en el móvil, la tarde en el portátil y la noche en lo que pille más cerca. La mayoría de las apps de podcasts viven en uno de ellos, y en todos los demás vuelves a empezar: buscando el programa y arrastrando la barra hasta donde ibas.
podnod es un solo reproductor para todos: la web, macOS, Windows, Linux y Android, con iOS en camino, hecho con un solo sistema de diseño y un solo código base para que se vea y se comporte igual en cada uno. Inicia sesión y todo te sigue: tus programas, tu cola, por dónde vas en cada episodio, lo que has terminado e incluso tus ajustes. También funciona sin cuenta; iniciar sesión solo sirve para sincronizar.
Todos los dispositivos. Una cola. El mismo segundo.
02 — Traspaso
Pásalo a mitad de frase.

Cada dispositivo en el que tienes la sesión iniciada muestra lo que están reproduciendo los demás. Con un toque lo retomas desde el mismo segundo: el portátil se calla, el móvil sigue, y nunca oyes la misma frase dos veces ni te pierdes ninguna.
Tres barras en movimiento significan que está sonando ahora mismo; un punto quieto, que lo dejaste en pausa. La diferencia importa, porque retomar una sesión activa detiene el otro dispositivo y retomar una en pausa no detiene nada. La fila solo aparece cuando hay algo que merezca la pena retomar: una sesión en pausa desaparece a los cinco minutos y un episodio terminado nunca se ofrece.
03 — Cuenta como terminado
Los anuncios del final no cuentan.
Muchos episodios acaban con unos minutos de anuncios y créditos, y casi nadie se los traga. En la mayoría de las apps, eso deja el episodio a medias para siempre, atascando la cola y la lista de novedades. podnod lo marca como escuchado igualmente cuando paras lo bastante cerca del final, así que sale solo de «New» y de la cola, y en todos los dispositivos a la vez.
Lo cerca que tiene que ser lo decides tú: solo al final del todo, o cuando falten 10 segundos, 30 segundos, un minuto, dos o cinco. Nunca corta la reproducción antes de tiempo; si sigues escuchando, suena hasta el final de verdad. Para programas con una intro o un cierre largos también puedes saltarte un tramo fijo, y el margen se mide desde ahí, así que nunca se cuenta dos veces.

04 — La idea
Cero color de marca.
podnod es monocromo a propósito: negro, blanco y unos pocos grises, y ni un solo tono de marca. El logo apila pod sobre nod («asentir», en inglés), con la segunda palabra un poco inclinada, como una cabeza que asiente al ritmo. El nombre va en minúscula en todas partes, incluso al principio de una frase, y una comprobación en la build falla con cualquier otra grafía.
Por debajo, el sistema es soft-brutalista. La profundidad es una escala de cuatro planos, cada uno un paso más claro que el anterior, nunca una sombra. No hay desenfoque en ninguna parte del producto, y un test rompe la build si se cuela una superficie esmerilada. Cada control es una píldora. Inter lleva cada palabra, con el espaciado apretado, y las portadas ponen todo el color.


Lienzo
#0B0B0B
Papel
#F1F1F1
Tono rubor
#F3CCCB
Tono albaricoque
#F5D5B4
Tono cielo
#C4DCF2
05 — El único color
Lo eliges tú. O se elige solo.
El único color que podnod deja entrar es el que elige quien escucha: el acento que rellena el botón de reproducir, la línea de progreso y el punto de los episodios sin escuchar. Hay siete tonos, todos pálidos a propósito. El acento es sobre todo un relleno con texto casi negro encima, y un tono más oscuro dejaría de leerse como la única forma iluminada en una pantalla negra.
Por defecto está en «mix», que elige un tono nuevo cada vez que abres podnod, y nunca papel a secas, que parecería que la función ha fallado. Cada tono se mide en contraste con cada superficie en la que cae, en los tests y no a ojo.

06 — La barra de menús
Un pequeño colega muy curioso.
En el escritorio, podnod vive en la barra de menús como un personaje diminuto: el círculo del logo con dos ojos alargados. Mientras trabajas, sigue tu cursor con la mirada, siempre de reojo, nunca fijamente. Si no suena nada, espera como un simple contorno. Dale al play y se rellena y asiente al ritmo de tu episodio.
Está dibujado, no cargado. Cada fotograma se traza en Rust a base de círculos y cápsulas, quince veces por segundo mientras asiente, y se le pasa a macOS como plantilla, así que se ve bien en una barra de menús clara, en una oscura y bajo el resaltado del menú. Linux tiene los dos estados, pero sin movimiento: su bandeja escribe cada fotograma en disco, y asentir supondría quince escrituras de archivo por segundo durante todo un episodio. Si le pides a tu ordenador menos movimiento, el personaje se queda quieto, mirando al frente. Y relleno sigue significando que está sonando.

07 — La burbuja
Despega el reproductor de la barra de menús.
Haz clic en la cara y de ella cuelga un reproductor pequeño: la portada, por dónde vas y tres botones. Agárralo y tira. Al principio se resiste. El reproductor se separa del icono mientras su pico se queda clavado ahí, estirándose e inclinándose a tu paso. Pasados 34 píxeles, se suelta y se convierte en una ventanita que flota por encima de todo lo demás, todo el tiempo que quieras.
Si lo devuelves, primero te pregunta. A menos de 110 píxeles de casa, empieza a brotarle del borde un pico hacia el icono, primero despacio y luego de golpe, para que se sienta como un tirón y no como un salto brusco. Suéltalo y vuelve volando a casa mientras el pico vuelve a crecer. El reproductor, su pico y su contorno son una sola forma, y engancharse es un único número que va de uno a cero y al que siguen el contorno, el contenido y el botón, así que nunca hay un fotograma con dos formas en pantalla.
Lo que deja fuera es a propósito: ni velocidad, ni temporizador de apagado, ni arrastrar por la línea de tiempo. Es un vistazo y tres toques, y los botones de saltar muestran los intervalos de salto que tú has elegido.

08 — Movimiento
La portada viaja. Lo demás, quieto.
Descartadas las sombras y el desenfoque, el movimiento es la única forma que queda de decir que lo que has pulsado se ha convertido en esto. Así que se dosifica con cuidado. Abre el reproductor y una portada viaja del minirreproductor al marco grande mientras todo lo demás se queda quieto; ciérralo y vuelve por donde vino, desde donde se hubiera quedado. Cambiar de pestaña, lo que más hace la gente, no tiene ninguna animación.
Dale al play y lo ves trabajar: un anillo donde estaba el icono de play y «cargando · desde 12:04» donde estaba el tiempo. La pulsación sigue activa, así que una segunda pulsación cancela el inicio en lugar de poner otro en cola. La fila que estás escuchando dice «Reproduciendo» con tres barritas y mantiene su duración. Un episodio terminado muestra su marca de escuchado durante un segundo antes de que su fila se pliegue, para que la salida se lea como una consecuencia y no como un fallo.
El movimiento reducido va por grados, no se apaga sin más: lo decorativo desaparece, los desplazamientos se convierten en fundidos, y todo lo que transmite información cambia su bucle por una señal fija que dice lo mismo.

09 — Una imagen al día
La home de mañana se dibuja esta noche.
La home abre con un único programa destacado. Cada mañana a las 05:40 se elige uno nuevo, y ninguno repite en 90 días. Por la noche, podnod le dibuja una imagen. A gpt-image-2 de OpenAI se le pasan la propia portada del programa, su categoría y su descripción, y se le pide una escena panorámica con la paleta, las texturas y los motivos de esa portada: nada de texto, y el tercio izquierdo despejado para el titular.
Luego, Seedance 2.0 mini de ByteDance la anima con un brief que pide movimiento lento y suave: «tiene que ser imposible saber qué segundo del clip estás viendo». El modelo entiende un primer y un último fotograma como dos momentos distintos, así que recibe la imagen una sola vez, y podnod cierra el bucle por su cuenta fundiendo el inicio del clip sobre su final. Un programa solo se publica cuando ya existe su imagen. Si una noche falla, se queda el destacado de ayer, y la página va bajando del bucle a la imagen fija, a la portada del programa desenfocada y a negro sin más; nunca a una imagen rota.
La única regla absoluta: nada de personas. Los modelos de vídeo se niegan a animar un fotograma en el que ven a una persona real, y algunos ni siquiera avisan: simplemente no devuelven ningún vídeo. Así que una imagen llena de presentadores no se movería nunca. La honestidad también va de serie: la etiqueta «ilustración generada para el destacado de hoy» solo aparece cuando la imagen es generada de verdad, para que la portada del propio editor nunca se haga pasar por hecha a máquina.

10 — Portadas que respiran
Las personas, quietas. Lo demás puede moverse.
La portada del programa destacado recibe el mismo tratamiento, como cinemagraph: «una fotografía en la que se mueven unas pocas cosas elegidas y todas las personas están perfectamente quietas». Las personas y las letras de una portada se tratan como tinta impresa, así que los presentadores nunca parpadean y los títulos nunca se derriten. El clip se convierte en un WebP animado a ocho fotogramas por segundo, y a un bucle que no cierra solo se le funde medio segundo de su inicio sobre su final.
Es puro extra. Se pinta sobre la imagen fija solo cuando esta ya ha cargado, ni siquiera se descarga para quien ha pedido menos movimiento, y nunca se usa donde una imagen en movimiento rompería algo: notificaciones, tarjetas para compartir, la pantalla de bloqueo. Cuando un editor cambia su ilustración, la animación se retira al instante.
11 — Oyentes
Sin fotos, sin caras, nadie mal dibujado.
No hay imágenes subidas en ninguna parte de podnod, así que cada cuenta recibe uno de 24 objetos de estudio dibujados —una cinta, un micro, una bobina, un megáfono—, al azar y para siempre. Cada uno es un solo color en tres tonos: una placa oscura, un objeto suave y un tono medio para los detalles, con los recortes perforando la placa para que la silueta sola baste para distinguir a dos personas a 24 píxeles.
No hay cuerpo al que asignar un género ni piel en la que equivocarse, y nada se deduce de tu nombre. Como las portadas, son imágenes y no pintura, y esa es la única razón por la que el sistema monocromo deja entrar su color.

12 — Cómo se hizo
Un solo sistema de diseño, en todas partes.
El móvil, el escritorio y la web comparten un mismo diseño y una misma cola, y la app es oscura a propósito para que hablen las portadas.

La hoja
Cada episodio nuevo de cada programa que sigues, en una sola página. Las apps de podcasts suelen archivar los episodios bajo sus programas; podnod parte del día, porque la pregunta con la que la gente la abre es qué hay de nuevo.

Búsqueda
Programas, episodios y personas, encontrados mientras escribes. Sin botón de buscar ni página de resultados: con el móvil en una mano en el tranvía, cada toque de más es un motivo para rendirse.

Biblioteca
Suscripciones, descargas y la cola, tal cual las dejaste. La pantalla menos emocionante de diseñar, y por la que se juzga una app: pierde una sola vez por dónde iba alguien y no se te perdona nada más.

El reproductor, discreto
Velocidad, saltos, capítulos y temporizador de apagado, y recuerda dónde lo dejaste. Es discreto porque la portada ya grita, y un reproductor que compite con la ilustración sale perdiendo.

Notificaciones
Un aviso en cuanto un programa que te importa saca algo nuevo. Es la única buena razón que tiene una app de podcasts para interrumpir a alguien.

Lo nuevo, cada mañana
Los episodios del día de todo lo que sigues, en el orden en que han llegado. Sin rankings y sin «para ti»: el orden de llegada es el único algoritmo que todo el mundo ya entiende.
En la web, la misma hoja se abre a lo ancho: un programa destacado arriba, el catálogo entero debajo y listas de lo más escuchado que se actualizan cada semana.



La página de inicio acaba en un solo bloque: seis píldoras y un panel de imagen que desliza debajo el banner de cada plataforma.
Los banners se comprimen a entre 13 y 25 KB cada uno, 105 KB entre los seis, así que todos se cargan de entrada y ninguna píldora abre nunca un bloque vacío. Basta medio segundo en blanco para que «en todos los dispositivos» suene a promesa y no a hecho.
13 — Lo que se queda
Todos los podcasts. Todos los dispositivos. Una sola cola.
Cinco plataformas online y iOS en camino, una sola cola y el punto exacto de cada episodio que te siguen en todas ellas, y más de 113.000 programas para elegir.
La marca no tiene color propio y deja que las portadas pongan el resto. Lo que vende podnod es el momento en que una frase sigue en el portátil justo en el segundo en que se pausó en el móvil. Cuando el producto hace la magia, el trabajo de la marca es no estorbar.
